La Sierra Nevada de Santa Marta, en Colombia, es uno de esos lugares. No es sólo paisaje. Es una invitación a recordar quién eres realmente.
Un llamado que resonó en 15 corazones
En mayo de 2025, algo extraordinario sucedió. Quince almas de cuatro países diferentes —Colombia, México, Estados Unidos e Inglaterra— escucharon el mismo llamado. Una invitación silenciosa de las montañas sagradas y sus guardianes milenarios. Un llamado que no ignoramos.
Seykun: Donde la tierra volvió a vivir. Días 1–3
Surcamos carreteras sin pavimentar que se abren paso por las montañas hasta llegar a Seykun. Una pequeña comunidad de 570 indígenas. Esta comunidad Arhuaca ha recuperado alrededor de 5.000 hectáreas de tierra, que les fue arrebatada y deforestada hace siglos y ha devuelto el 70% a la naturaleza. Las especies nativas de flora y fauna han regresado.El ecosistema se ha regenerado, ha vuelto a respirar.
Con la recuperación de tierras, se han reactivado Sitios Sagrados, que son fundamentales para que los mamos (líderes espirituales) realicen ceremonias para mantener el equilibrio en nuestro planeta.
Aquí caminamos por montañas que susurran sabiduría ancestral, nos limpiamos en ríos cristalinos, participamos en ceremonias de armonización en sitios sagrados y escuchamos a tejedoras arhuacas explicar el significado de cada hilo, cada patrón, cada color en sus mochilas ancestrales. Y fuimos tocados por las sonrisas genuinas y las miradas llenas de vida de los niños arhuacos.
Nabusimake: Donde nace el sol Días 4–6
Luego de un recorrido por montañas cada vez más altas y paisajes que te dejan sin aliento, llegamos a Nabusimake, que en lengua arhuaca significa “el lugar donde nace el sol”. La capital cultural y espiritual del pueblo Arhuaco, un valle abrazado por montañas donde el tiempo se mide en latidos, no en minutos.
Durante los siguientes 3 días, vivimos en un estado de consciencia y conexión que pocas veces experimentamos en nuestras vidas modernas.
Cada ceremonia con los mamos fue una ventana al entendimiento, una liberación. Cada alimento orgánico,cosechado en huertas locales, nos nutría el cuerpo y el alma.En cada círculo de integración, la vulnerabilidad se convirtió en conexión. El silencio y la contemplación que se convirtieron en claridad.